viernes, mayo 14, 2004

Que la colonia de coco apesta es algo por todos sabido. Que habría que matar a todas las usuarias, también. Y que a éstas no sólo no les hayan cortado las narices, los flequillos y las puntas de sus zapatos de pinchar aceitunas sino que encima proliferen con buena salud es algo que en esta redacción se nos sigue escapando, aunque en estos momentos tenemos a dos chicas y un perro investigando el asunto.
Dentro del mismo tema está mi desconcierto ante su falta de humanidad, vamos, que la llevan en el metro en hora punta las muy zorras; y eso nos lleva otra vez a la gran pregunta: ¿qué coño le pasa a la gente, está dormida?¿a qué cojones están esperando para tirarlas a la vía después de una buena mano de hostias?.

A todo esto, cada vez que me siento en el metro o en el autobús, el asiento libre que queda a mi lado es siempre el último en ocuparse (menos cuando también viaja la señora afectada por la colza); y no sé si sentirme bien o mal por ello.

martes, mayo 11, 2004

a cada gochín le llega su san martín

Blogger acaba de demostrar que los cambios no siempre son buenos. Yo sólo quiero que tengais aderezo necesario para recibir el día que se avecina.

domingo, mayo 09, 2004

Este fin de semana no me viene nada bien postear. Jugando a ser la chica que está al otro lado del microscopio desde el jueves me aburro, claro, y dedico mi tiempo a leer y a compartir en la medida que me permite mi estatus de no humana el vértigo de Sonao del viernes, el aturdimiento de diminuta del sábado; con el corazón de cristal, como Jean-Sol.

miércoles, mayo 05, 2004

Durante la última semana quise comprobar lo que se siente siendo rey.
Ingredientes: una bandeja de plata. Procedimiento: dejar nada más levantarse el reloj y el monedero sobre ella y salir al mundo a pelo. Los resultados han sido algo confusos. Cierto es que me he sentido más alejada de la realidad, pero no me ha terminado de convencer. Para resultados más concluyentes habría que realizar el experimento llevando en todo momento una gorra de club náutico. Pero no soy lo suficientemente fornida. No hay huevos.
Sin desanimarme ante este fracaso, estuve planeando repetir la investigación con matices: en lugar de depositar mi efectos personales sobre una bandeja de plata lo haría dentro de una bolsa de esas transparentes que se cierran haciendo ziiiiiip mientras presionas con el índice y el pulgar (si alguien sabe el nombre de ese cierre...) y hala, expedición al mundo carcelario.

Es la primavera, que me vuelve creativa. También hago listas, como éstas:
Cosas peores que el aburrimiento: Elba la de GH y punto.
Cosas mejores: pueeees... ay, no sé, es muy difícil, estoo... pues como la canción de Los Planetas, ¿no?.

lunes, mayo 03, 2004

“Maitecita, nena, a ti lo que te pasa es que tienes una cantidad de prejuicios no es ni normal ni decente”, suele decirme mamá Maite, la mujer que me descubrió el peligroso mundo de los montones de hojas secas-bomba y de los señores que repartían caramelos “rellenos de droga”. Por no hablar del consumo nocturno de naranjas.
O de su aportación a la salud familiar con “La Máquina del Cuerpo”, un libro que escribió el señor que hizo el primer trasplante de corazón en todo el mundo, con el ABC del conocimiento sobre nuestro cuerpo cuyas secciones sobre dietética, psicología, alcoholismo e ingeniería genética lo hacían imprescindible en toda familia moderna. Allí encontré esto:

¿Demasiadas zanahorias? Sería difícil absorber un exceso de vitamina A, pero hay noticias de que un hombre adicto al jugo de zanahoria adquirió un color amarillento y se murió”.

Vivan la precisión científica y la madre que lo parió. Me pregunto que fue de ese pobre trasplantado.

Aún ahora sigo sin saber qué demonios ocurre cuando tomas naranjas por la noche, ¿es comparable a lavarse el pelo o hacer mayonesa cuando tienes la regla? Para patear montones de hojas secas es demasiado tarde, me dan pavor, pero creo que aún podría hacer un buen papel como zampanaranjas. Así que por favor, si alguien sabe algo al respecto que no dude en comunicármelo, me haría muy feliz. Hale, adelante, comenten, comenten.

sábado, mayo 01, 2004

Esta mañana cuando me he despertado he hecho un poco de ejercicio para acordarme de que tengo cuerpo. Lástima tener tan poco espacio. Me ha dado un tirón y me he pasado el resto del día acordándome de mi cuerpo. Luego ha tocado un poco de calle, hacía frío. El solecillo era agradable, pero hacía un frío de pelotas. Aún así, la tibieza del sol ha avivado un aroma que no sólo me crispa sino que me hace estornudar sin control*.
Mi encargado desconoce la existencia de pirámide nutricional alguna y me alimenta (¡sí, hasta para eso soy dependiente, como si no tuviera edad para escoger yo mi propia comida!) de lo mismo día tras día, dosifica mi consumo de líquidos y hasta planifica mi ocio. Desesperante, aunque supongo que lo agrava el recuerdo de mi breve libertad de hace algunos días; comiendo mierda sí, pero mierda exquisitamente seleccionada por mí.
En esas tonterías se me ha pasado el día. Mi inactividad y la inexistencia de mi vida social me abocan a ello. Se me va la cabeza y cuando me quiero dar cuenta ha llegado la hora de acostarse. Al menos espero que hoy me dé tiempo a descansar antes de que el Sol me desvele otra vez, a ver si así al menos se me calman estos dolores musculares; que me están matando, joer.


*artículo 5 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos ¿por qué no menciona los perfumes?. Escribir a la ONU al respecto en cuanto tenga oportunidad.

Extracto de los escritos de Logan en su Diario de un Caracol Cautivo.